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El esfuerzo de los últimos

El gobierno recompuso la relación con la dirigencia del campo. El verdadero trauma está focalizado en otro sector, en los productores, los que trabajan de sol a sol en el campo.

El presidente Mauricio Macri le dispensó una batería de elogios al campo, destacó la “garra” que lo caracteriza y pidió al sector un “último esfuerzo temporal” al hacer referencia al reestablecimiento de las retenciones a las exportaciones en el marco del plan de ajuste para lograr que cierren las cuentas públicas. “No hay otro camino. Somos la generación que no se va a volver a engañar”, dijo el Jefe de Estado al ratificar el rumbo económico. El mensaje se escuchó ayer en la apertura de la tercera edición de la Jornada Nacional del Agro 2018, organizada por Confederación Rurales Argentinas (CRA), cuyo titular, Dardo Chiesa, moderó el tono de las críticas que había enarbolado la semana pasada. Los gestos que se tributaron durante el encuentro evidencian que la relación no está rota, tal vez algo magullada, pero nada importante para impedir que continúe la articulación entre las partes. El verdadero trauma está focalizado en otra parte, en la gente del campo que siente lesionada la credibilidad hacia el Gobierno y la dirigencia ruralista.

Los medianos y pequeños productores, los trabajadores de sol a sol, los que están al pie del surco o en los corrales, son los que están sintiendo el impacto del modelo. Los grupos empresarios, los pules de siembra, los grandes actores de la exportación del sector agropecuario tienen mejores perspectivas que antes del cimbronazo. Con un dólar a $40 (y en alza) y retenciones de suma fija que se licúan con cada salto cambiario, no serán los exportadores los que hagan el “último esfuerzo”. Esto último explica por qué la dirigencia gremial del campo ha menguado el fuego de artillería inicial, reemplazándolo gradualmente por munición de fogueo. Es que las medidas de la Casa Rosada siguen la lógica del Príncipe de Lampedusa, gatopardismo fiscal: un cambio para que nada cambie. O sí, cambia para que estén mejor sólo algunos. En las altas esferas del negocio del campo el sacrificio será, a partir de la nueva modalidad implementada, mucho menor de la que venían haciendo; no sucederá lo mismo con el resto de la cadena productiva, que tiene que hacer frente a la tarea cotidiana con los apremios de todos los mortales. Por caso, la inflación, que en agosto fue de 3,9% -la más alta del año- y ya lleva acumulado en ocho meses 24,3%. El drama cotidiano de los productores no estriba únicamente en las retenciones sino en la inflación, que se traduce en precios de insumos, tarifas, servicios, a lo que hay que agregar tributos municipales e impuestos provinciales y nacionales. Dolor de cabeza adicional, el costo laboral con la industria del juicio (que en Corrientes se está haciendo sentir en el sector citrícola del Sudeste provincial). En la ganadería, por ejemplo, los precios están muy atrasados en el mercado local, aunque las exportaciones salen a todo vapor. A propósito de la frase de Macri, “la generación que no se va a volver a engañar”, es crucial entender el diagrama. Instruye, en una columna el diario Ámbito Financiero: Las retenciones “modelo Cambiemos” son un híbrido entre las tradicionales del kirchnerismo y aquellas que quiso instaurar el ex ministro de Economía Martín Lousteau. Básicamente, la fórmula es que para los granos sin industrializar (soja, maíz, trigo, girasol, sorgo) el Gobierno se quedará con $4 por dólar exportado, mientras que para los productos con mayor valor agregado (aceite, harina, carnes, etc.) el valor será de $3 por dólar. La fórmula es compleja porque abre un sinfín de posibles escenarios que dan lugar a la especulación, sobre todo de las empresas exportadoras. En líneas generales, si el dólar baja, la retención que se le cobraría al exportador subiría en porcentaje, pero si la moneda norteamericana anota una suba más allá de los 40 pesos, el porcentaje bajaría a favor de los exportadores. Queda claro, dónde recae el mayor esfuerzo.s