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Comedores, el reflejo de la crisis

Recesión, despidos, caída del 50% del peso este año y una inflación del 40% anual: la economía argentina está hundida en la crisis.

Empobrecidos por la crisis económica y una inflación descontrolada, cada vez más ciudadanos acuden a los comedores sociales.

La situación se replica en todo el país, y en Corrientes la cuestión no escapa de la realidad nacional. Y es por caso referencial lo que se vive en los lugares de asistencia en barrios periféricos que NORTE de Corrientes verificó en los últimos días (ver páginas 6, 7 y 8). Desde la mirada nacional, la referente social de la ciudad de Buenos Aires Margarita Barrientos difundió un informe a través de su fundación sobre la asistencia diaria: distribuye 2.000 porciones de comida, servidas en las mesas de madera o entregadas en viandas para llevar. “El número de personas que vienen ha aumentado”, asegura Isabel Brites. Entre sonrisas y palabras afectuosas, distribuye los tickets que servirán luego para comer o retirar comida para aquellos que no comen en el comedor. Recesión, despidos, caída del 50% del peso este año y una inflación del 40% anual: la economía argentina está hundida en la crisis. Viven de changas, trabajos eventuales en el barrio donde a duras penas llegan a fin de mes. “La gente tiene menos plata, los precios aumentan, el supermercado vende menos. Despidieron a cinco de los siete empleados donde yo trabajaba. Ahora es difícil encontrar un trabajo”, relata uno de los beneficiarios. La situación se replica a lo largo del país. Es así que incluso dentro de la modalidad impuesta ante cada crisis, los beneficiarios agudizan el ingenio para poder realizar las cuatro comidas, pese a que solamente consiguen el almuerzo en los comedores. En la modalidad vianda, las porciones son racionadas de tal modo que quede para la noche, reveló una de las madres del barrio Río Paraná, lugar donde funciona uno de los más concurridos centros de alimentación social. “En nuestro barrio las cosas están muy mal. Somos pacientes, muy pacientes, pero, ¿cuánto tiempo más vamos a esperar? En un momento la angustia se transforma en bronca”, advierte. “La gente tiene hambre, está desesperada, los comedores se desbordan. Los gobiernos cambian, la pobreza sigue”, advierte. En un contexto de emergencia económica, planteada por el Gobierno nacional con un escalada del dólar que llegó a 40 pesos (de relevancia clara por la consecuente alza de los precios, que impacta de manera contundente en la economía familiar), es que se activa el modo crisis en la población que menos tiene, y la presencia en comedores se hace notoria, aunque claramente este último sobresalto sólo potenció la situación que se venía observando desde el inicio de 2018. Es incluso una cuestión más compleja si se tiene en cuenta que la asistencia no se da únicamente a madres y niños. También jefes de familia que quedaron sin trabajo pasan a ocupar un lugar en la atención alimentaria, lo que refleja claramente que la pérdida del trabajo hizo impacto en la población trabajadora y que subsiste con changas y labores precarias en la condición del trabajo y de remuneraciones. El país de la pobreza muestra la realidad más cruda, de plena necesidad, mucha solidaridad e ingenio para sortear los inconvenientes. La que sin embargo carece de opciones a corto plazo (las medidas no llegan rápidamente a los sectores más vulnerables). Lejos del dólar, de las Lebacs y del Banco Central, el impacto mayor de ese combo financiero y económico lo sufren quienes menos tienen. Lo saben todos, se hace muy poco, casi nada.s