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El cascarón vacío

¿Cuándo fue que se abandonó la política habitacional como pilar de la acción del estado? El deterioro lleva por lo menos 20 años de vigencia y lo peor es que no hay señales de cambio.

En Santa Catalina hay 678 viviendas que están deshabitadas. Insólitamente desaprovechadas en una provincia que arrastra un fenomenal déficit habitacional y que empuja a familias desesperadas (y no tan desesperadas) a usurpar terrenos privados, ocupar lotes y viviendas que no son suyos, apropiarse de lo ajeno, en definitiva: a delinquir. Y de paso, con ese mismo acto, se ubican en los bordes del sistema, comienzan a vivir en la más absoluta marginalidad, en ranchos confeccionados con materiales de descarte, sin agua, sin luz, sin sanitarios. Es la pobreza total, pero con una esperanza pues tienen un pedazo de tierra donde arraigar su sueño. Quizás mañana haya un techo digno allí. Resulta paradójico que la esperanza emane de una acción ilegal, que viene a suplir la ineficacia (cuando no la indolencia) del Estado.

Frente a esta realidad, cómo se entiende que haya tan poca inversión en viviendas en la provincia de Corrientes y en particular en la ciudad Capital, donde se multiplican las villas miseria que nacen de la usurpación de terrenos que se concretan, a veces en bandada y otras tantas con operativos hormiga. La postal de miseria que se palpa en las periferias de Corrientes obliga a preguntar: ¿cuándo fue que se abandonó la política habitacional como pilar de la acción del Estado? El deterioro lleva por lo menos 20 años de vigencia y lo peor es que no hay señales de cambios. ¿Acaso las autoridades no advierten este cuadro social, o no les importa? Una muestra, monumental, del desinterés oficial es el plan de 678 viviendas del Procrear en Santa Catalina. Las viviendas están listas hace bastante tiempo, pero los dueños no llegan. ¿Cuál es la razón de tan larga espera? Respuestas precisas no hay. Veamos: el plan fue anunciado en 2011 por la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner en el marco de un acto en la Casa Rosada con el entonces intendente de la Capital, Carlos Mauricio Espínola. Cuatro años después, y tras sortear una larga serie de obstáculos políticos, en 2015 se inició la construcción. En agosto de 2017 se hizo el sorteo de preadjudicatarios. Se inscribieron más de 2.000 correntinos y seleccionaron a 1.132 para un cupo de 678 viviendas. A punto de cumplirse un año del sorteo, los aspirantes siguen dando vueltas por los bancos y las viviendas están deshabitadas. La nueva versión dice que en septiembre comenzarían a entregar llaves a los nuevos dueños. ¿Será? Ojalá que sí, aunque parece difícil que los interesados en las viviendas puedan afrontar el crédito Procrear. Ahora las condiciones son exigentes debido a la estampida bancaria y a la crisis económica. Hace un año, el 1 de agosto de 2017, el valor del dólar era $17,41. Hoy la moneda norteamericana ronda los $28. ¿Hace falta más explicación? Según las crónicas oficiales (porque los medios nunca pudieron acceder) las viviendas ya estaban terminadas cuando se realizó el sorteo, faltaban algunas obras complementarias que al día de hoy no se sabe a ciencia cierta si se completaron, pero como sea, podrían haber adjudicado las casas en el segundo semestre de 2017 y la gente habría sufrido menos el impacto de la crisis. Esto lleva a conjeturar que: 1) la obra no estaba terminada y no se puede habitar; 2) no saben cómo desatar el nudo administrativo y financiero del Procrear para que los adjudicatarios sufran lo menos posible el leonino plan en el que van a caer; 3) los funcionarios carecen de sensibilidad y les importa poco que todo se atrase una eternidad. Lo único concreto es que el entonces intendente Fabián Ríos cortó cintas en el barrio, después hizo campaña con Espínola. Macri y señora también se sacó fotos en el lugar. El ministro Frigerio no se privó de la misma visita, Valdés, Tassano, Vignolo también desfilaron por allí. ¿Para qué, si es un cascarón vacío?s