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Histórico y sin motivo para festejos

Habilitar el aborto es la salida más fácil para el estado. la vida está en peligro hoy y lo estará mañana, sin importar qué resuelvan los diputados en la votación.

La Cámara de Diputados de la Nación abordará hoy el proyecto de ley para la despenalización del aborto, expediente que recibió dictamen favorable en el plenario de las comisiones de Legislación Penal, Legislación General, Salud y Familia, espacios donde se debatió intensamente durante los últimos dos meses en un marco democrático y con pluralidad de voces. Acaso esta parte del trámite legislativo, que se cumplió en un clima civilizado, escuchando todas las opiniones y valorando cada argumento, sea lo único digno de rescatar, por lo demás sea cuál fuere el resultado de la votación en el recinto (hay paridad de fuerzas) no hay motivos para el festejo. Cualquier camino que se tome, lo único cierto es que la vida está en riesgo en la Argentina. Y el Estado se muestra impasible, con los administradores de turno mirando de soslayo un drama cotidiano que consideran ajeno, distante, hasta se podría decir prescindente del objetivo de su gestión.

El gobierno de Cambiemos, que fue el motorizador de esta iniciativa que luego recogieron otros sectores para darle impulso en el Congreso de la Nación, se supone liberado de obligaciones. En una maliciosa estrategia intenta mostrarse equidistante, maquiavélicamente pretende hacer aparecer que dando libertad de acción (o de “conciencia”) a los legisladores, incluidos los de su partido y alianza, ayuda a edificar el destino colectivo con un sesgo democrático. En realidad, el presidente Mauricio Macri se lava las manos de las muertes que actualmente se producen en las sombras de la clandestinidad y de las muertes que en el futuro se podrían producir con un sesgo de legalidad. Habilitar el aborto es la salida más fácil para el Estado. El camino sencillo para no hacerse cargo y dejar que el libre albedrío disimule, con un pátina de progresismo, el gravísimo déficit de la política de salud pública en la Argentina. La vida está en peligro hoy y lo estará mañana, sin importar qué resuelvan los diputados en la votación. El problema es que los responsables de la cosa pública -los gobernantes- no se preocupan ni se conmueven por el hecho, indiscutido, de que se mueren niños y madres por desnutrición, falta de controles médicos y enfermedades que son curables, en igual o mayor proporción que por las prácticas clandestinas de aborto. No hay estadísticas sobre esto último, pero sí hay suficientes datos oficiales sobre las otras muertes, las que -en teoría- deberían evitarse y sin embargo el Estado no hace casi nada. Por ejemplo, la provincia de Corrientes tiene la tasa de mortalidad infantil y neonatal más alta del país. Aquí se mueren niños recién nacidos como en ninguna otra parte de la Argentina; desde hace una década o más que está en el podio de las peores del país, la política de salud del gobierno de ECO (es decir de Ricardo Colombi, socio del kirchnerismo primero y del macrismo ahora) ha sido un completo fracaso en este sentido, es verdad que en los últimos años el índice ha comenzado a descender, pero así y todo Corrientes está por arriba de un dígito. Es la única con esos niveles. El drama de Corrientes no tiene solución ni siquiera con Cambiemos en el poder. ¿Hace falta algún otro ejemplo para evidenciar el abandono? Si es cierto lo que lo que dicen quienes están a favor de la interrupción del embarazo, de que se practican más de 400.000 abortos clandestinos por año en el país, pues bien habrá que hacerse a la idea de 400.000 muertes (o más) en forma legal de aquí en adelante. Además de las otras... El aborto es sinónimo de muerte. Sobre este punto no hay discusión. Y es un hecho además de que esas muertes se producirán sea que hoy voten a favor o en contra, y todo esto por un Estado irresponsable, ausente. El día puede ser histórico, pero no hay nada para festejar. s