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Lucha contra el trabajo infantil

Ladrillerías, cartoneo y hortícolas son las áreas donde se explota a los más chicos

Señalan que es necesario el abordaje interdisciplinario para revertir la situación de los niños con ocupaciones riesgosas.

Se conmemoró ayer el Día Mundial contra el Trabajo Infantil, una jornada de reflexión y visibilización de una problemática que se resolverá en conjunto para asegurar un mejor futuro para los jóvenes. En Corrientes, la zona donde más trabajo infantil se detecta es en la hortícola, pero hay otras áreas donde también se advierte pero está naturalizado como lo son las ladrillerías y el cartoneo. “La Organización Internacional del Trabajo (OIT) define a nivel cuáles son los daños que ocasiona el trabajo infantil y que debe ser considerado como peligroso. Por ejemplo, que sea en el horario nocturno, con jornada extenuante, que estén expuestos a abuso y maltratos, que requieran el traslado entre fronteras o entre una provincia y otra. Es decir, se vulnera y se expone a algunos daños”, comentó la licenciada Alejandra Silva, quien desde hace alrededor de una década se dedica a investigar la problemática. “Cada país, cada provincia, tiene que definir las características de daño peligroso a la salud -de los niños- y cuáles son los tipos de trabajo infantil que tienen. En Corrientes habría que pasar a la definición del trabajo infantil. ¿Cuál es? Es el ladrillero, el cartonero, es el que trabaja en los arándanos, en los cítricos. Una vez que se define se piensan en las políticas. Por ejemplo, desde Salud hay que detectar el accidente, la enfermedad, la intoxicación, los síntomas o signos que refiere ese niño o ese joven y que tiene que ver con el trabajo infantil. Lo mismo en Educación, si empieza a notar que el chico falta y tiene que ver con el trabajo infantil peligroso. Todo el sistema tiene que funcionar”, agregó a NORTE de Corrientes. Silva señaló que otra de las cuestiones a erradicar es la naturalización del trabajo infantil. “Si la gente cree que un chico que está en la avenida vendiendo pescado es normal, cree que un chico que está en la ladrillería es normal no lo va a denunciar. El gran problema es de educación. La educación tiene que ser para todos”, dijo. En lo que respecta a la ocupación peligrosa de niños y jóvenes, la investigadora consideró que “hubo un proceso de cambios en los últimos 10 años. El trabajo rural en Itatí se convirtió y ahora los chicos se dedican al narcomenudeo. En La Olla (Capital) están los cartoneros, pero en otra zona están los ladrilleros”. Reconoció que “en el marco de la globalización y el modelo económico, sucedió que las desigualdades regionales aumentaron y los problemas de empleo y pobreza también. Es el NEA la zona que tiene los índices de pobreza más graves”. “En los últimos 10 años en términos estructurales no veo mejoras, pero veo como desafío que algunos actores están cambiando”, señaló.

cifras

Según la Encuesta de Actividades de Niñas, Niños y Adolescentes (Eanna) realizada a fines de 2017, en Argentina hay más de 1.100.000 menores de 18 años que participan en actividades económicas, productivas o domésticas intensivas, interrumpiendo su formación y desarrollo. Ninguna tarea o actividad realizada por un niño debe interferir en su escolaridad, ya sea por privarlo de asistir a las clases, obligarlo a abandonar anticipadamente las aulas o exigir combinar la asistencia a la escuela con largas jornadas de trabajo pesado. Tampoco debe afectar su tiempo de juego y de descanso, ni debe ser peligroso y perjudicial para el bienestar físico, mental o moral del niño. Según los últimos datos de la Eanna, se nota un fuerte impacto de la actividad laboral en los índices de deserción escolar: solo un 1% de niños entre 5 y 15 años que no realizan tareas laborales no asiste a instituciones educativas, mientras que dentro de los que realizan tareas laborales este porcentaje aumenta al 6% en zonas urbanas y al 10% en zonas rurales. Para aquellos jóvenes de entre 16 y 18 años que trabajan la tendencia se profundiza: el porcentaje de jóvenes que no asisten a instituciones educativas se eleva de un 10% al 25% en zonas urbanas, y de un 18% al 38% en zonas rurales. Para erradicar el trabajo infantil es fundamental la permanente información y concientización de todos, dentro de espacios educativos y dentro de las mismas empresas, para aprovechar su potencial transformador y modificar prácticas culturales arraigadas, para crear un futuro que garantice igualdad y estabilidad en los años más importantes de la formación de nuestras futuras generaciones.s