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Raúl Rolando "Tato" Romero Feris
Por: Raúl Rolando "Tato" Romero Feris
POR RAÚL ROLANDO ROMERO FERIS

Cómo duele la Injusticia...

Ya van dos años en que se me tiene amarrado para que no me mueva en favor de los demás, inhabilitándome de por vida, aunque las más altas instancias de la Justicia nacional e internacional hayan razonado en contra de los fallos de los jueces correntinos.

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Jamás pensé que en la Provincia a la que amo profundamente, y en la que decidí quedarme para siempre para vivir en Libertad, iba a ser víctima de tremenda injusticia.

Jamás pensé que en esta Provincia a la que di mis mejores años, mis extensos desvelos y esfuerzos, lo más grande de toda mi existencia, sería perseguido, insultado y humillado como lo he sido en estos años.

Jamás pensé que en esta tierra en la que decidí quedarme a pesar de todo, y en la que aspiro sea el hogar de mis hijos y de mis nietos y de su futuro, hubiera de recibir tanto dolor e impotencia por la acción malvada de quienes me juzgaron.

¡Qué fácil hubiera sido buscar el exilio, irme y huir de mis convicciones y responsabilidades, y no vivir este martirio al que me condenaron desde hace ya casi veinte años!

Ya van dos años en que se me tiene amarrado para que no me mueva en favor de los demás, inhabilitándome de por vida, aunque las más altas instancias de la Justicia nacional e internacional hayan razonado en contra de los fallos de los jueces correntinos.

¡Como si no doliera este pedazo de mi vida que me están arrancando!. ¡Claro que duele! Pero créanme, que no hay dolor moral más grande e inentendible que la Injusticia. Más aun, conociendo que quienes las imparten no tienen la talla suficiente como para medir su propia vara, ni menos aún, de aplicarla sobre los demás.

Duele sentir que se atropella lo más sagrado, aquello que se dijo que “debe ser sagrado el hombre para el hombre”. No han tenido compasión conmigo.

Mientras tanto, a otros los dejan hacer, están libres, rodeándoles de poder e impunidad.

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No es ésta la Provincia que yo soñé al quedarme a enfrentar la persecución político-judicial. Creí que iba a hallar un mínimo de Justicia, que se me iba a oír, que se me iba a considerar en mis más elementales derechos de una persona entregada al servicio y al trabajo, como me enseñaron mis padres.

Pero no. Estos veinte años, y en especial estos últimos dos años, han sido de mayor injusticia aún.

Me llevaron al borde de la muerte al aplicarme una condena que no está firme, sino que estaba siendo modificada en los más altos tribunales internacionales y de la Nación. Cumplí una condena de prisión, cuando el más alto tribunal de la República resolvió que esa condena era nula. ¡Más de cuatro años de prisión cumplidos, y resulta que todo el proceso era inválido!

Injusticia. Qué difícil es aceptar que desde lo que uno más ama, pueda salir tal realidad.

Veo a mis hijos y a mis nietos, a mi esposa y a mis seres queridos sufrir conmigo, y el sufrimiento de este sentimiento de Injusticia se hace más doloroso. Porque no solo se han ensañado conmigo. Lo han hecho con todo lo que más quiero.

Dos años, y una Jueza que espera una orden, quizás. Que no se juega.

Dos años y un Superior Tribunal que da vueltas sobre sí mismo, mordiéndose la cola como la serpiente, envenenado y envenenado la Justicia.

Dos años, y un poder político complaciente, al que creo que solo le interesa mantener sus privilegios, y dejar de lado una profunda reforma. No saben que ellos mismos pueden ser en cualquier momento, escoria que caiga en las llamas de su injusticia.

Dios quiera que pueda ver en esta tierra lo que soñé como soñara Don Juan Romero, mi padre: una provincia próspera, en desarrollo, con un futuro sin límites, unida y solidaria.

Dios quiera que algún día pueda ver una Provincia con una Justicia Justa.