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Javier Bovino
Por: Javier Bovino

El “Enano fascista de los argentinos” se convirtió en gigante

Por Javier Adrián Bovino.- El filósofo Max Scheler sostenía que una de las diferencias entre el hombre y el animal era su capacidad de desdoblarse, de verse a sí mismo desde afuera, sólo y en su contexto o sociedad. Los argentinos estamos en una etapa en la que deberíamos tener la obligación de hacerlo, ya que el “enano fascista que tenemos dentro”, como nos dijo la periodista italiana Oriana Fallaci y que tanto nos ofendió en los años ´80, pareciera que se transformó en un gigante fascista.

Con asombro se puede leer en redes sociales, medios de comunicación y en cuánta reunión haya, posturas de “opinólogos” sobre que habría que cobrarle a los extranjeros para brindarles salud, educación, viviendas, etc.

Y digo con asombro porque la mayoría somos hijos, nietos o bisnietos de inmigrantes, que recibieron salud, educación, viviendas, en muchos casos tierras para que se radiquen, créditos, etc.

Pero claro, dicen que no hicieron villas miserias para vivir, como si acaso los conventillos de principios de siglo (algunos se mantienen) no fueran las villas de entonces, como si las tierras en las colonias del interior donde se afincaron con créditos casi simbólicos para su compra y producción no fueron los subsidios o planes de aquellos años, como si ellos mismos y sus hijos (nuestros padres) no se hubieran atendido en hospitales públicos ni estudiado en escuelas del estado.

Claro, muchos de ellos eran rubios y de ojos claros a diferencia de esa nueva corriente migratoria.

Eso es lo peligroso de este pensamiento. Esa diferencia es racista y xenófoba, copiada quizá de los discursos de Donald Trump y tratando de olvidarnos de que en Europa nosotros mismos no queremos ser tratados como “sudacas”.

Lo más llamativo de este pensamiento nazi, sí, nazi porque el odio racial a los inmigrantes, a los judíos, gitanos, polacos y todo aquel que no fuera alemán o ario eran base del nazismo, es que muchas de las personas que así lo dicen son hijos o nietos de inmigrantes.

Llama más incluso la atención que muchas de estas personas que así expresan su odio racial en las redes sociales pidiendo extradición o que se les cobre la salud y la educación pública, son muchas veces las mismas que hacen campaña por los animalitos abandonados, o pidiendo que el estado construya un hospital para animales. Evidentemente, los inmigrantes limítrofes para estas personas tienen menos valor que los animales…

Se dicen buenos cristianos, caritativos, bondadosos, pero se olvidan que antes de bolivianos, peruanos, brasileños, chilenos, etc, estamos hablando de seres humanos.

A simple modo de ejemplo casi banal, pero entendible: En nuestra región muchos de los campos hortícolas son trabajados por personal boliviano, muchos de ellos sin residencia formal. ¿Qué hacemos cuando llegue una mamá con una criatura enferma al hospital, le cobramos, y si no tiene dinero qué, que se muera…?

Cuando vemos a vecinos nuestros, amigos muchas veces, darle más valor a un animalito que a un ser humano, convirtiendo a ese “enano facista” en un gigante racista y xenófobo, creo que sería momento de tomarnos un tiempo, desdoblarnos y mirarnos a nosotros mismos, solos y en sociedad, y analizar nuestra conducta antes de que esa postura nazi se convierta en peligrosa.