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SE SOLTÓ DEL ASTILLERO LOCAL

La embarcación que navegó a la deriva fue encallado en un banco de arena

La carcaza de un barco, Uros-Z, que navegó a la deriva sobre el río Paraná, fue encallada en un banco de arena que se encuentra fuera del área de navegación, en el kilómetro 1128, entre Empedrado y Bella Vista. La tarea fue realizada por la delegación Corrientes de Prefectura, con la colaboración de una embarcación de bandera paraguaya.

En tanto, una comisión de expertos analiza la seguridad del área. “El barco está bien varado y lejos de la zona de navegación”, comentó a NORTE de Corrientes el prefecto Roberto Galvaliz, jefe de Prefectura en Corrientes. La nave, que está a medio construir, permanecía amarrada desde hace años en el Astillero Corrientes S.A, en el kilómetro 1200, hasta que día atrás hubo un creciente y la estructura se desprendió. Avanzó durante 58 kilómetros hasta detener su marcha contra un banco de arena en el kilómetro 1142, frente al Camping Municipal de Empedrado.

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“Hicimos una evaluación con inspectores de cascos. Como no se lo podía anclar, porque no contamos con las herramientas para ello, realizamos la señalización. El sábado creció el agua, hubo viento y el barco siguió unos kilómetros más y nosotros acompañamos con un guardacostas, trasmitiendo la posición y avisando a los otros barcos”, contó el prefecto. La nave avanzó hasta el kilómetro 1128, entre Empedrado y Bella Vista donde volvió a quedar varada. “Quedó en otro banco de arena más abajo. Con la colaboración de un remolcador de bandera paraguaya que desarmó su convoy y trabajó durante toda una noche, se pudo fijar al barco un poco más al fondo”, agregó.

 

Galvaliz explicó que se tomó la determinación de ubicar el Uros-Z en el barco de arena donde encalló por última vez ante la imposibilidad de remolcarlo hasta las costas de la capital “por la velocidad de la corriente, el peso y otras variables”, aunque este había sido el objetivo principal. “Quedó bastante más alejado del canal de navegación, con boyado y radio aviso”, señaló. Desde el martes, una comisión de inspectores de casco, de salvamento, navegantes y buzos analizan medidas para dotar de mayor seguridad al área donde se encuentra el barco. “Vamos a ver qué más se puede hacer , qué otras medidas de seguridad se pueden agregar. La zona ya está con balizas y señalización. Estamos abocados a las medidas precautorias tendientes a que no se vea afectada la seguridad de la navegación”, señaló el prefecto. La estructura que navegó a la deriva tiene 107 metros de eslora, 14,5 metros de manga y 6,70 metros de punta. Las bodegas son de acero inoxidable porque estaba destinado al transporte de productos químicos y de alimentos a granel y estiman que el motor con la caja debe valer unos 2 millones de dólares. Su construcción fue iniciada a principios de 1990 en Astilleros Corrientes S.A. y no se terminó. “A mediados de los 90, la empresa que nos contrató entró en concurso y llegó a un acuerdo con el Gobierno, a través del cual el Estado se hacía cargo del pago a sus acreedores y se quedaba con el barco. A nosotros nos pidieron que continuemos con la obra, pero nunca avanzó”, señaló el dueño de Astilleros, Miguel Gutnisky en una entrevista radial. En el 2000, Astilleros Corrientes firmó un acuerdo con el Ministerio de Economía para que el barco en construcción fuera removido en un plazo máximo de 60 días, pero el Estado volvió a incumplir. Y así pasaron los años. Hubo distintas gestiones durante el kirchnerismo, pero nadie se interesó. “Fuimos a la oficina de Bienes del Estado, y nos dijeron que no les correspondía, porque no era un inmueble. Después en otra oficina encargada de los barcos nos aclararon que en realidad era un barco en construcción, porque no tiene matrícula, por lo que tampoco tenían jurisdicción. Incluso una vez en Corrientes hablamos con (el ministro de Interior, Rogelio) Frigerio, a quien le entregamos una carta porque se interesó en el tema, pero también quedó en la nada”, dijo. s