Para ver esta nota en internet ingrese a: http://www.nortecorrientes.com/a/127713
Raúl Rolando "Tato" Romero Feris
Por: Raúl Rolando "Tato" Romero Feris

Combatir la pobreza no es solamente nombrarla

En sólo 4 años construimos 25 mil viviendas, de las cuales 16 mil eran sociales, llamadas EPAM

07 foto 2.jpg


Mucho se habló en los discursos oficiales de los últimos días sobre la pobreza. Pero poco se hizo en los últimos 18 años en esta provincia. Si los índices de indigencia son los mismos de ese tiempo que los de ahora, significa que nada se hizo.
Cuando se habla portentosamente de la pobreza, como si fuera algo que desde arriba y mágicamente se va a combatir, se obvia lo elemental. No se puede hablar de pobreza si no se la ha vivido, visto cara a cara, y trabajado empecinadamente por erradicarla.
Vivirla significa recibir a diario a familias enteras que no tienen una casa que los albergue, un trabajo que los dignifique y un plato de comida que los sostenga. Sentir y dolerse con una madre de un niño enfermo que golpea a la puerta para recibir una ayuda, por mínima que fuera, por no tener las condiciones para vivir dignamente.
Es por eso por lo que, en mis gestiones de gobierno, pusimos como prioridad absoluta generar la plataforma para salir de ese círculo vicioso.
Construimos en sólo 4 años 25 mil viviendas, de las cuales 16 mil eran sociales, llamadas EPAM, edificadas por las mismas familias, recuperando así su dignidad de trabajo, y dándole un techo digno y seguro, Algunos sectores afectados me atacaron duramente, porque les redujimos sus ganancias fabulosas y se la dimos a pequeñas empresas constructoras. Pero persistimos, y logramos empezar a dar esperanza a miles de familias, que bajo el techo propio pudieron dar albergue seguro a sus hijos. Nadie más luego, se preocupó en mantener ese ritmo de trabajo, ni continuó el desarrollo que comenzamos.
Nuestro objetivo fue el ser humano de carne y hueso, el correntino que, en su peor situación, no pierde su dignidad, y sabe reconocer con gratitud quien le tiende una mano en serio, sin intereses de por medio.
La pobreza sabemos, está en el hacinamiento en casas donde conviven varias familias, y que genera todos los males de indignidad humana. Males como las adicciones, la promiscuidad, y los vicios que surgen del hacinamiento, muchas veces última morada de ancianos, niños enfermos y personas solas.
Una provincia que tiene la mayor mortalidad infantil, con los mayores índices de pobreza, no puede jactarse de haber avanzado. Todo lo contrario. Y no se trata solo de hacer un diagnóstico, cuando desde nuestro espacio político hemos ofrecido conocimientos, esfuerzos y hombres para sacarla adelante, y no fuimos aceptados ni escuchados.
Porque si hay algo que nos duele en el alma, es saber que la pobreza estructural significa pobreza que hunde en el retroceso absoluto a un niño que no puede crecer por una malformación congénita, a un joven adicto que no ha recibido una educación normal y una nutrición equilibrada, a un adulto sin horizontes ni destinos, más que el de incrementar su estrago humano de ser un número en los índices, y no una persona con alma y voluntad.
La pobreza, reitero, no es un discurso, es una realidad que duele, y mientras no le duela al que la pregona, no podrá nunca triunfar ni vencerla. Sólo quienes la han visto y nos sensibilizamos con ella, sabremos aportar desde donde estemos, aquello que se necesita para superarla.