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Espejismos efectistas

El gobierno de Cambiemos tiene su propio relato, quizás no tan exagerado como el antecesor, pero no ha podido escapar de esa perniciosa conducta. en las provincias sucede otro tanto.

Abraham Lincoln dijo: “Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo”. La iluminada reflexión de quien fuera el Presidente de los Estados Unidos quedó patentizada en la historia como una sentencia de irreversible contundencia de la cual emana una enseñanza imposible de no advertir. Así y todo algunos hombres del poder siguen probando suerte en la tarea de burlar a todos todo el tiempo, pese a que -está certificado- la realidad finalmente siempre emerge, inconmovible. Muchos de los dirigentes políticos de estos días no han leído a Lincoln; en Corrientes, unos cuantos.

La cita viene a cuento a propósito de ciertas medidas que toman los gobiernos y que aparecen camufladas ante la opinión pública con un mensaje que pretende -y en ocasiones lo logra, temporalmente- instalar una idea de beneficio, cuando en realidad en el fondo hay un sacrificio y en ocasiones hasta un perjuicio. Podría definirse a esta táctica como el “relato”, una herramienta de la política con la cual el kirchnerismo hizo escuela de gobierno. Y si bien el imaginario social lo relaciona casi con exclusividad a los desbordes en tiempos de CFK, corresponde decir que todas las administraciones, en mayor o menor grado, apelan a la construcción de un relato que les permite ocultar o disimular los déficits de gestión. El gobierno de Cambiemos, que encabeza Mauricio Macri, tiene su propio relato, quizás no tan exagerado como el de su antecesora en la Casa Rosada, pero no ha podido escapar de esa perniciosa conducta. En las provincias sucede otro tanto. Aquí y allá se dibujan espejismos. Por ejemplo, en Corrientes, donde hace 18 años se mantiene el mismo esquema de poder -con un mismo apellido durante 16 años- el relato se ha vuelto indispensable para edificar una serie de supuestos que no tienen anclaje en la realidad y únicamente se sostienen en la reiteración acompasada. La semántica oficial, en proceso de campaña, ubica como un logro superlativo la prolongación en el tiempo del pago de adicionales a los empleados públicos en actividad y jubilados. Refieren a ese mecanismo como si se fuese el resultado exitoso de una política de Estado, cuando en verdad cualquier plus salarial por concepción filosófica es un paliativo, que al extenderse en el tiempo se vuelve una atrocidad administrativa, que desnuda la fragilidad y también la incapacidad de la gestión. En Corrientes el sistema de adicionales en los haberes públicos, que viene desde hace cuatro años, ha reemplazado al procedimiento genuino de aumento salarial, que se debe establecer en negociaciones con los representantes sindicales. En lugar de paritarias, lo que hay es una decisión autoritaria y por lo tanto discrecional del administrador. Una suerte de concesión dadivosa que el “relato”, en la repetición autómata, la convierte en una magnífica acción de gobierno. El mensaje repetido se convierte en la gota que golpea la piedra cotidianamente. Puede que genere una huella, sin embargo, la realidad es otra. El esquema salarial fragmentado por adicionales más gordos y plus más flacos han vuelto a los estatales esclavos de los cajeros automáticos: todas las semanas tienen que pasar por la maquinita. Cualquier semejanza con los obrajes de antaño no es pura casualidad. El mecanismo es maquiavélico, la sensación de bienestar es tan efímera como engañosa. Sucede que no han mejorado los salarios sino que les siguen agregando sumas en negro, que para colmo se pagan en forma fraccionada. Hoy comienza una nueva ronda y habrá peregrinación a los cajeros, como ya lo hubo la semana pasada. Solamente el relato convencido puede explicar, sin sonrojarse, que eso es una política pública sana y eficiente, aplicada a los salarios. s