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COLUMNA DEL EDITOR

No es la lluvia, es la imprevisión

“Hay que entender el problema de las inundaciones en su totalidad, no es meteorológico, es un problema socioeconómico y ambiental”, dijo un especialista.

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Entre cuatro y cinco mil pobladores rurales chapaleando contra la inundación en diez localidades periféricas a la ciudad de Corrientes es el saldo preliminar del fenómeno climático que afecta a la región y que los pronósticos presagian que es el preludio de “El Niño” que entre julio y septiembre traerá más problemas con lluvia tupida. Por el momento el foco crítico es el departamento de San Luis del Palmar, de donde ya evacuaron a más de 1.500 personas y ayer continuaron los traslados al tiempo que se intensificaba el trabajo de auxilio.

A la par del drama humano está en curso una catástrofe (otra más) económica para los pequeños productores, principalmente ganaderos y horticultores que tienen pocas espaldas para soportar y recuperarse del quebranto. Así las cosas, hay dos problemas encadenados: primero la coyuntura, segundo lo estructural, y no hay solución a la vista. El panorama se vuelve más grave aún porque, sostienen los especialistas, lo peor está por venir.

La inundación que se replica en distintos puntos del Noroeste provincial, producto de las intensas lluvias y del desborde de ríos interiores y lagunas, es parte de una lógica de la naturaleza que las autoridades y los organismos competentes no detectaron, no atendieron o no les importó atender. “Hay que entender el problema de las inundaciones en su totalidad, no hay que tomarlo como un problema meteorológico, es un problema socioeconómico y ambiental”, explicó el doctor Juan José Neiff, especialista en humedales e investigador del Centro de Ecología Aplicada de la Universidad Nacional del Nordeste.

En esa línea, el académico remarcó: “Nos damos cuenta de la importancia de entender cómo funcionan los humedales cuando ocurren estas cosas y aunque en esta ocasión se trata de un evento de recurrencia baja, hay que saber que no son anormales”, dijo rememorando el episodio de los años 82-83 con la crecida extraordinaria del río Paraná. “En algunas localidades de la región se registraron lluvias de hasta 600 milímetros en menos de siete horas”, recordó.

Al respecto, fundamentó: “Se alegan distintas causas; como el cambio climático, pero debemos comprender que la sociedad no está preparada para la variabilidad que tiene el sistema natural. Obras fundamentales como la fundación de ciudades se han realizado con un paisaje en situación amigable sin imaginar lo que iba a pasar después. Y aunque hoy tenemos mucha tecnología, imágenes satelitales y mediciones, sigue pasando lo mismo”.

La advertencia del especialista reporta a la queja de los vecinos de un sector de Santa Ana que viven desde hace un año con el agua en el patio o dentro de sus casas debido al desborde de la laguna Corazón. El drama se conoció a través de un video que se volvió viral a través de las redes sociales y que muestra a dos reconocidos artistas locales (una chamamecera y un cineasta) con los pies en el agua contando que desde hace un año vienen haciendo gestiones en distintas esferas del ámbito municipal y provincial sin encontrar respuestas.

La filmación se hizo en el patio de una de las 30 familias que sufren el anegamiento permanente. Esos “inundados” critican la indolencia oficial, pero también apuntan contra la ausencia de planificación urbana producto del negocio inmobiliario indiscriminado que barrió el orden natural en Santa Ana, por eso las lagunas no tienen por dónde escurrirse. Frente a este cuadro, el pedido del doctor Neiff de “un compromiso ciudadano y también de los gobiernos municipal, provincial y nacional” adquiere mayor resonancia. Mucho más cuando agrega, “un mapa de gestión ayudaría mucho, porque se realizan obras en momentos de crisis con muy buena voluntad pero no siempre con soluciones a largo plazo”. s