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El escándalo de la narcopolÍtica en la localidad de la virgen

La profética señal de la Iglesia sobre el avance narco en Itatí

“La postergación social es una invitación al narcotráfico”, dijo hace dos años Stanovnik. La palabra de dos ex rectores de la basílica.

“Itatí es un pueblo, que como todos los del interior del país sufre la postergación, por ello el narcotráfico y las drogas han avanzado tanto en la comunidad. La verdad es que no se siente mucho la preocupación en la gente de Itatí, me parece que eso es lo primero que hay que decir. Uno no percibe que la gente esté preocupada, pero sí ocurre cuando las consecuencias de la droga atacan directamente a sus hijos”.

La Iglesia de Corrientes lo viene señalando, en forma constante e incansable, y desde ya varios años: el avance de la droga en Itatí, del cual tanto se refirieron los líderes católicos correntinos

-desde su máximo representente local, el arzobispo de Corrientes, monseñor Andrés Stanovnik-, se estaba convirtiendo en una realidad en el pueblo de la Virgen ubicado a 60 kilómetros de la

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capital provincial.

En distintas entrevistas de NORTE de Corrientes, Stanovnik y los entonces rectores de la Basílica de Itatí, los sacerdotes Roberto Simionato y Omar Cadenini, han manifestado sus preocupaciones y estos dos últimos no han podido estar presentes para el desenlace del escándalo de la narcopolítica con el megaoperativo denominado Sapucay que puso a Corrientes ante la mirada nacional o, como bien dijo otro de los religiosos denunciantes, el cura jesuita Humberto González -itateño hoy radicado en Córdoba-, el inicio de una historia que terminará con un final feliz: la liberación del pueblo de los narcotraficantes.

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La postergación social

“Cuando es una consecuencia directa, ahí comienza a sufrir la familia, el entorno, a partir de allí la sociedad poco a poco va tomando conciencia, pero todavía como la conciencia de la sociedad es muy débil respecto de los daños que produce la droga, menos aún es la del paso de la droga que es Itatí.

Da la impresión de que la gente en general mira para otro lado, mientras la Iglesia con frecuencia alerta sobre esto”, había asegurado el arzobispo a este diario en 2015 en una entrevista para un suplemento especial por el aniversario de NORTE de Corrientes.

- Pareciera que los mensajes y las advertencias que dan no terminan de llegar... - La pregunta que uno se hace es por qué. La verdad no sé, no sé, no sé. Corrientes es una provincia que tiene muchos kilómetros de frontera muy desprotegida. La protección de las fronteras es una responsabilidad del Gobierno nacional, y por qué están tan desprotegidas hay que preguntarles a ellos.

El Gobierno sabe que la droga pasa, lo sabemos en la provincia, se han dado pasos importantes en la detección de la droga, pero aún estamos lejos de tener una política nacional respecto de esto. Mientras tanto, con todas las consecuencias que esto trae en la familia y en la sociedad, se va destruyendo el tejido social de nuestro pueblo. También es cierto que hay una cuestión social subyacente.

Hablamos de pobreza, de desnutrición infantil, marginación, droga. Tenemos que valorar el hecho de que tengamos una convivencia relativamente serena en estos años, por eso esta situación de tranquilidad se tendría que aprovechar mucho más, justamente para trabajar en políticas en las que los actores, el oficialismo y la oposición, tienen que trabajar juntos para consensuar políticas que vayan más allá de un gobierno.

Un gobierno sólo con una política propia no alcanza a resolver problemas como la pobreza, la desnutrición, la escalada de violencia. No alcanza a hacerlo porque el hecho de no tener el apoyo y el esfuerzo conjunto de la oposición hace que todo el esfuerzo se concentre en tratar de conservar su espacio político y eso insume muchas energías, que las perdemos justamente para esta otra tarea. El Gobierno no se está enfocando en lo que debería, mientras la oposición es vista como un enemigo que en cualquier momento le puede quitar espacio de poder.s